23.4.15

¿Alguien lee esto?

Estoy segura de que no, ya ni las moscas vienen a darse un festín con este cadáver que queda de mi blog. Pero entonces si no hay nadie que lea mis improperios, puede ser una gran oportunidad para desahogar esta diarrea verbal que traigo atorada en el cogote.

Parece como cuando tienes chingos de ganas de cagar y esperas a que todos los cubículos del baño queden libres para poder liberar sin penas tu malestar estomacal. Agradezco a Twitter su intervención y la oportunidad que tengo de regresar de ponerle el cuerno a mi blog con los blogs de las empresas para las que escribo para ganarme el pan de cada día.

Utilizaré esta plataforma como el método perfecto de evacuación mental que me he autoimpuesto después de una epifanía. He decidido dejar de sentirme como la peor persona del mundo y evitar que vuelvan a hacerme sentir como la loca del pueblo... Probablemente lo sea, pero ¡no chinguen! ¿en estas épocas quien puede decir que goza de una plena salud mental? ¿Quién se atreve a arrojar la primera piedra?

Hace unas horas, un imbécil me preguntó que por qué me río de todo. ¡Fácil, imberbe animal! Porque de otra manera estaría escondida en el baño dejando que mi cordura se me escape entre Kleenex y lágrimas, idiota. Porque si no estaría pensando constantemente en por qué esa persona, que yo creía que era el indicado, decidió decir que a la mera hora yo no soy todo lo que él decía que yo era, pendejo. Porque si no me permitiera ser una simplona estaría que me cargan 3 kilos (uno por año de relación) de reverenda verga, pedazo de estúpido.

¿Quién chingados nos da derecho a juzgar a las personas? ¿Qué nos sentimos? ¿De dónde sacamos el valor para estandarizar actitudes de acuerdo con nuestra mentalidad? Hay veces que estamos tan seguros de que dentro de nuestro mundo, el cual evidentemente es del tamaño de un grano de arena, tenemos la razón universal que nos convierte en seres supremos con capacidad de juicio sobre los demás sin siquiera saber que hay en sus contextos como para que actúen de tal o cual manera.

Si yo quiero reír y tratar de encontrar de nuevo la felicidad aunque sea viendo como a alguien se le estampa una mosca en la cara, es pedo mío porque solo yo sé cuánto me está costando salir del bache que me han impuesto y que he aceptado por las circunstancias en las que me encontré en determinado momento. Si no me viene en gana salir maquillada al trabajo, no lo hago porque sencillamente no me siento con ánimos de hacerlo. Si no me quiero bañar el domingo porque ya no tengo que visitar a nadie y sólo quiero estar hecha bolita en mi cama, es mi problema porque solo yo estaré oliendo mi pestilencia. ¿Desde cuándo tengo que rendirle cuentas a la gente por lo que haga o deje de hacer? ¿Yo les pido cuentas? A la única persona a quien si se las pedí fue porque yo necesitaba conocer una razón lógica y tangible de por qué todo se hizo mierda.

La próxima vez que alguien me vuelva a hacer una pregunta tan idiota, seguiré respondiendo que "por simplona", porque no tengo razones para ni me da mi rechingada gana dar explicaciones a nadie (lo que hice aquí arriba fue con fines didácticos para que usted, párvulo lector inexistente, entendiera el contexto de mi molestia y de mi renacimiento cual ave fénix toda tatemada) a quien realmente no quiera poner en contexto de mis situaciones.

¡Hala, pues! Querido lector, probablemente yo vuelva a revisar este post dentro de algún tiempo y diga "¡Ay, qué pendeja estaba!", pero ¿qué crees? Ese va a ser mi pedo. Tú, cual buen mirón de blogs, lee y pásate de largo, si comentas, sabes que eres bienvenido; si no, igual.

2.9.13

Concurso: Buscando padrinos para mi blog

Así es amiguitos. Ya me cayó mal el nombre del blog, ergo:

Declaro oficialmente inaugurada la búsqueda de un nuevo nombre para este bodrio de blog.

Dejen sus propuestas en un comentario en esta entrada y gánense un premio. Tienen de aquí a la 01:30 horas del 10 de septiembre de 2013 para participar. Los premios son los siguientes:

1º lugar: 4 cervezas artesanales (Cucapá o Calavera).
2º lugar: Una malteada mediana de Chomp Chomp con galleta incluida.
3º lugar: Un rico te de Caravanserai.

Publicaré los resultados el día 12 de septiembre a las 20:00 horas aquí, en Facebook y Twitter. Los premios serán patrocinados por mí y podrán ser cobrados el sábado 14 de septiembre a partir de las 12:30 horas (aprovechando que voy al DF el puente del 15 y traigo antojo de esas cosas).

Y si a la mera hora nadie quiere entrarle, pues más para mi obesidad mórbida. Esta promoción es válida únicamente para mayores de 18 años.

Reacción retardada

Hagamos un ejercicio de imaginación: Figúrese usted, amable lector, que trabaja para una empresa en la que es la única persona de su área (en este caso, denominémosla "Área de Edición y Corrección de Estilo - Creativo - Social Media - Blogger de la empresa" para apegarnos lo mayormente posible a la realidad de la historia que les contaré) y que, modestia aparte, es un puesto que desempeña sobresalientemente.

Bajo esta línea imaginativa, figúrese usted que un día lo ponen a hacer la chamba de un pendejísimo lerdo programador que no sabe administrar su tiempo y por eso le toca ponerse a trabajar en donde usted no tiene vela en el entierro. En ese momento recuerda a Jorge Garralda y su famoso "¡No se deje!" y así de barbas les dice que nel, no es mi culpa que ese pendejo no sepa administrar su tiempo y me toque hacer algo que, en primera, ni sé porque no soy programadora y, en segunda, ni podría terminar a tiempo porque yo ya tengo bastante chamba.

Siguiendo este tenor, por pinche constestón(a) me lo mandan directito (y sin escalas) a la chingada objetando que su trabajo es ineficiente y que vale pa' pura madre. Entonces, usted recoge su dignidad y su coraje y se va a trabajar a Cancún en el ramo de la construcción de pirámides (algún día de estos les diré mi verdadero trabajo, pero hoy no porque estamos hablando de otro encabronamiento).

Sin embargo, desde unas semanas después de que salió, se enteró que habían puesto a la recepcionista (una metalera poser que gusta de Tokyo Hotel y que tiene cara de ardilla mal cogida) a hacer su chamba de Edición-y-Corrección-de-Estilo-Creativo-Social-Media-Blogger-de-la-empresa. Cuenta la leyenda que estudió Canto (o no) en una afamada (o no) escuela de música (o no) del Distrito Federal, pero que al verla tan alternativa (o no), pues decidieron decirle ¡Vas, al fin que, mínimo, sabes la diferencia entre la letra J y la letra L! y ¡sopas perico!

Recuerde, afable lector, seguimos en el ejercicio (yo les aviso cuando no): En cuanto llegó a usted la noticia de que esta lerda estaba haciendo el trabajo que usted desempeñaba, solamente atinó a soltar una sonora carcajada y a decir ¡No mamar! y continuó con su vida como si nada. Empero, tres meses después de esto, se pone a platicar con un excompañero (actual amigo —¡Hola Rodo!) de repente todo le cae como balde de agua fría.

(Aquí acaba el ejercicio) Ahora dígame: ¿Cómo se sentiría usted?

Yo me sentí ofendida, pendejeada pues. ¡Cómo es posible que una pendeja que no se fletó 4 años de una carrera, afín al puesto, sea colocada nomás porque parece alternativa y creativa pero no tiene ni puta idea de sintaxis, ortografía, gramática, redacción y, mucho menos, un léxico lo bastante amplio como para hacer textos tan chingones (verdá de dios que modestia aparte) como los que yo hacía!

¡Cómo una lerda de ese calibre va a llenar mis zapatos! ¡CÓMOOOOOOO! Y peor aún: ¡CÓMO CHINGADOS FUI TAN LERDA QUE HASTA AHORITA, HASTA ESTE REPUTO MOMENTO, TOMÉ CONSCIENCIA DEL ASUNTO! Así o más pinche lenta en la vida. Es como en esas discusiones en las que, después de cinco minutos de terminadas, se te ocurren las mejores respuestas para haber sobajado, sometido y pisoteado (con hermosas palabras, claro) a tu oponente.

Hasta me dan ganas de ir a ponerle unas patadas a la merol de dos pesos, pero al final ella no tiene la culpa (y sí porque me cae mal) o dejarle de collar las pelotas a mi exjefe porque qué pinche insulto.

No me queda más que agarrarme a putazos a mis almohadas, volver a recoger mi dignidad, bañarme con agua fría para que se me pase la ardidez que traigo y seguir construyendo pirámides en Cancún. No le deseo mal a nadie, pero ojalá los toquetéen culerísimo en el metro (a mi exjefe y a la poser pseudocreativa esa).

Reflexionen.

26.8.13

De mi Art Decó a tu Art Decó...

Como saben (y si no, ahorita se enteran) desde hace 3 semanas vivo en Cancún porque conseguí trabajo acá y ahora construyo pirámides (la verdad no, pero suena más interesante que lo que realmente hago) y sudo como señora gorda en el metro Hidalgo en hora pico.

Desde hace una semana, mis sueños (independientemente de la temática) tienen como locación esta ciudad. Cuéntoles el último:

Soñé que la vida me sonreía de tal forma que vivía en un departamento bastante amplio de un edificio estilo Art Decó (mi reino por vivir en algo, hasta una caja de zapatos, de esa corriente) en una unidad muy mona frente al mar Caribe: cada que subía la marea, el mar alcanzaba a cubrir un poco el jardín central donde había columpios. Yo era feliz viendo todo el show desde mi balcón con una cerveza en la mano.

Entonces, ocurrióseme una maravillosa idea. Salióseme el jipsta que llevo dentro y corrí por mi cámara porque soy bien creativa, goeis (?) y, como estoy chava y se me hace fácil, decidí hacer fotografías muy artísticas (ajá) de lo bonito que se veía el jardín inundado (y pus la verdad sí, en lo onírico veía unos colores tan brillantes).

Repítoles: mi departamento era bastante grande. En lo que iba por mi cámara (para ponerme de fantocha y arrrrrrrrtística) y regresaba a mi privilegiado lugar, el patio era invadido por señoras gordas en playeras oversize y shorts diminutos cuidando a sus chamacos, chorreados y con mocos, cubiertos únicamente por sus calzones Truenito. ¡El horror, pues! ¿Qué carajos hacía toda esa gente ahí si no era una playa pública? Tan caro mi pinche departamento y ¿para qué?

Pues me encabroné y me metí con mis honores, y mi fantochez, a guardar mi cámara, cuando en la puerta de mi departamento (la cual dejaba abierta, con el mosquitero cerrado) había un señor panzón, bigotón y con sandalias con calcetines junto con un niño con los pelos como Felipito (sí, el de Mafalda)  todos mojados y con una playerita de algodón mojada por andar chapoteando en la playa. 

El señor panzón me decía que si le podía prestar mi baño (MI BAÑOOOOO) a su hijo que quería liberar a su intestino de los tacos que se habían comido en la mañana y que si podía rentarles un cuarto para que pasaran ahí sus vacaciones.

Indignadísima y encabronadísima le gritoneaba que mi baño no era público, pero como soy buena persona, sólo el niño podía pasar y que obviamente no le iba a rentar nada porque no era hotel. Tenía ganas de sorrajarle algo en la cabeza por lo que me había dicho, por invadir mi unidad, por arruinar mi fotografía... pero al mismo tiempo me sentía mal porque está de la mierda la desigualdad social y esas cosas bien chairas, culeras y deprimentes.

El niño salía del baño y yo iba a revisar, pero ¡ooooh! mi baño (MI BAÑOOOOO) había quedado más sucio que la mente de un zoofílico necrófilo y no sabía si contribuir con la suciedad vomitando o contratar a alguien más para que limpiara las gracias del pinche mocoso.

Del pinche coraje me desperté. Pero me dio aún más coraje no tener ese departamento tan hermoso. Ni me psicoanalicen. ¿Qué chingados va a saber Freud de Art Decó y mis ganas de hacer del Frontón México mi casa? NADA, les digo. Pero así como en mis sueños, en este caso, mi vista al Monumento a la Revolución se vería estropeada por los chamacos chorreados y con mocos que se bañan en las fuentes de agua puerca y tratada de dicha plaza. ¡El horror, pues!

9.2.13

Trolebús jubilado

Mi corazón defeño se rompe un poquito cada vez que me subo al metro y va hasta la madre; cada que los automovilistas no le ceden el paso a un peatón o se detienen en la cebra peatonal; cada que un pendejo se estaciona en doble fila o en una rampa para personas en silla de ruedas; cada que, en resumen, alguien hace una chilangada de esas groseras que se sienten como un escupitajo en la cara. Nunca he recibido uno, pero ha de estar culero.

Empero, mi corazón defeño sólo había sido ligeramente quebrado en esas ocasiones. Jamás había sido demolido como ayer en la noche (siguiendo la lógica de que ya es las 2 y tantos minutos del sábado, es educado respetar la muerte el día anterior). Cuéntoles:

Gracias a una serie de eventos afortunados, he caído en manos de una empresa que me ha brindado la oportunidad de volver a enamorarme de lo que estudié durante cuatro laaaaaaaaaargos años y que ahora me cobija entre puro ingeniero. Dicha organización se localiza a la sombra de la desnuda Diana Cazadora, ergo, el metro Chapultepec me queda, como se dice en el bajo mundo, a tiro de piedra.

Como era viernes por la noche y yo no tenía planes de irme a perder el conocimiento ahogada en alcohol, decidí que quería caminar tranquilamente sobre Reforma y dejar que el viento me llevase suavemente a donde se le hinchara la gana. Llegué a la antes mencionada estación (porque la verdad, a la mera hora me dio hueva caminar hasta Auditorio) y decidí aventurarme en el tráfico que me podría proporcionar un viaje en trolebús.

En el paradero del mentado metro, otrora solía tomar un bello y ecológico trolebús que me dejaba en las puertas de un motel, atiborrado de amor y secreciones corporales, justamente a dos cuadras de mi casa, lo cual es muy conveniente para mis vetustas piernas que ya se cansan a la menor provocación. Me detuve en un puesto a comprar un chicle para cambiar mi moneda de cinco por cambio para dicho transporte y seguí caminando sin prisas.

Cuando por fin llegué al andén, donde siempre me formaba para esperar subir al trolebús (y vaya que esperaba porque esas madres pasaban cada media hora y bajo el rayo del sol era la muerte, pero aún así lo amaba) de repente lo vi todo rebosante de camiones y ninguna antenita que me indicara dónde estaba mi transporte mágico al que le pagaba dos pesos y me llevaba casi hasta mi casa.

Me acerqué a un checador, que estaba más en la pendeja que yo en pleno Mal del Puerco, y muy consternada le pregunté a qué hora dejaban de pasar los trolebuses que yo tanto amo. Él, así sin más, sin tacto, sin piedad, díjome: "¡Uuuuuuh, señorita! Esos dejaron de pasar hace meses, ya los vendieron todos y pusieron esas madres verdes que porque van más rápido."

Y ahí, justo en ese mismo pinche momento fue que, al mero estilo de Rafita cuando Lisa le rompe el corazón en plena grabación del programa de Krusty, se me hizo cagada el mío. Me podían ver en cámara lenta y hubiera tenido la misma cara de "¡Aaah, no mames, no sabía que el dolor emocional podría escalar tan rápido!" que puso el pobre hijo del Jefe Gorgory. Como yo estaba en pleno microinfarto por la ingrata sorpresa, sólo atine preguntar un ñango "¿Y 'ora?".

El ojete checador respondiome un seco "¿Para dónde vas?" y yo, todavía desencajada, le conté mi ruta y mi pesar y mi angustia y ¡no mames, compré un chicle nomás por el cambio! y la verga del muerto. Él me indicó que podía tomar "una de esas madres verdes" (refiriéndose a los camiones parecidos a los que van sobre Reforma) y que me acercarían a mi destino porque no había alguno que cubriera la ruta y el vacío en mi corazón que habían dejado los trolebuses.

Caminé hacia el andén de "las madres verdes" y me formé para subirme a una que me cobró 4.50 pesos por la mitad de un viaje que, en uno de mis amores, hubiera hecho por dos bellos pesos. Durante el trayecto, traté de leer el libro sobre el Enola Gay y la bomba en Hiroshima que me prestó mi novio, pero el dolor emocional me impidió concentrarme. No podía creer que un transporte tan noble pudiera ser eliminado así.

Al llegar a la Glorieta de Camarones, me bajé de "la madre verde" y me dispuse a caminar hasta mi casa (como catorce cuadras que me parecieron nada) mientras pensaba en los bellos momentos que pasé sobre un trolebús, como cuando subí a mi vecino más fresa a uno e iba encantado de la vida, atónito, incrédulo de viajar en un transporte que funcionase a través de electricidad y que fuese tan barato.

Sólo queda esperar que el tiempo y un camión que sustituya al trolebús en la ruta metro Rosario - metro Chapultepec y que cobre 2 pesos podrá sanar el vacío existencial que me ha dejado la SCT del Distrito Federal al haber jubilado a esos vehículos con antenitas que, aunque tuviera que esperarlos media hora, me facilitaban la llegada al dentista, a Reforma, a Polanco y a otros puntos de la ciudad por donde pasaba.

Extrañaré al trolebús y a la ruta porque ahora, como los pinches animales, tendré que llegar a esos puntos en camión, metro o microbús y gastar más dinero que mis amados dos pesos con los que viajaba en el vehículo con antenitas que tanto me gustaba... ¡Como los pinches animales, les digo!

16.8.12

Acosos y demandas

Así como La Risa en Vacaciones tiene mil millones de partes y en todas te ríes [o por lo menos haces cara de fuchi de tan kitsch que son], pues ídem es la cantidad de veces que mi pasado regresa a recordarme personas o situaciones y las mismas reacciones me provocan.

Hoy en la tarde, mientras caminaba a mi casa después de clases, iba yo muy en la pendeja cuando me encontré al maestro que me acosaba en aquel semestre que se me ocurrió estudiar Derecho en una escuela particular. Como la última vez que me lo topé de frente, gritoneome como loco [calma, chavitos, a su tiempo les contaré esa emocionante aventura] pus yo me hice goeis, volteé la mirada hacia el firmamento y caminé como si trajera un cohete en la cola.

Ese profesor se llamaba Armando*, nosotros le decíamos El Loco y daba la clase de Historia del Derecho Mexicano. Desde que hizo el examen diagnóstico reglamentario al principio de semestre para ver qué tan pinches perdidos estábamos, empezó a ubicarme porque fui la que tuvo una de las calificaciones más altas [como era bien ñoña y me sabía la mayoría de las respuestas], ergo, empezó el acoso. Todo parecía normal: Era de esos profesores buen pedo, con los que platicas chido, te llevas bien, bromeas sobre ir a echar unas chelas. Relax, el goeis.

Apenas llevábamos un par de semanas de clase, cuando empezó la cumplidera de años. Una tipa organizó una fiesta por su cumpleaños en un bar cerca del metro Cuahutémoc [no, no era La Hija de los Apaches, no sea usted ignorante] y, "como estaba chava y se le hizo fácil", la muy pendeja invitó al maestro aprovechándose de que era "buena onda y cero acartonado" [como suelen ser los educadores de esa carrera].

Como sabemos a la perfección, siempre he tenido mayor facilidad para tener más amigos del sexo masculino que del femenino y, en esta carrera, no fue la excepción. Ese día de la fiesta de la fulanita, llegué rodeada de 4 muchachotes fuertotes que eran mi círculo más íntimo. El profesor ya estaba ahí empinando el codo y para nuestra desgracia, nos sentaron en frente de él que ya estaba agarrando tono para decir una sarta de babosadas típicas de cualquier borracho en La Hora Feliz.

Evidentemente, quien tuvo que fumarse la bola de incoherencias que escupía a la menor provocación, fui yo. Como mis amigos eran harto inteligentes [no, la neta es que estaban sobrios como yo] empezaron a hacerme burla con el pinche borrachito... pero siempre he sido muy escéptica ante los piropos y las insinuaciones [y más aún con los de personas que rebasan mi edad por más de 5 años], yo nomás me reía y le daba el avión.

¡Oh, error! Yo no sabía que ese pendejo viejo era de los que gustan de las mujeres difíciles [o sea, toooooooda la pinche actitud que estaba tomando en este momento] y empezó con el típico: "¡Ay, pero qué bonita e inteligente eres!"; o el asqueroso: "De ahora en adelante serás mi alumna preferida"; y la cereza del pastel: "¿Bailamos? *su pierna me da una patada por debajo de la mesa porque trataba de ser muy seducttor*". ¡Su madreeeeeee! Cuando hizo y dijo eso, casi me vomito y me echo a correr.

Afortunadamente, mis guardaespaldas, que nomás no se me despegaban por si al viejito borracho se le ocurrían cosas cochinas no dignas de mi persona, reaccionaron y me sacaron a bailar. Y bailamos y bailamos y volvimos a bailar. En esas estábamos cuando el acosador en cuestión se levantó varias veces a decirles que le dieran chance de echar unos quiebres conmigo, pero obviamente lo mandaban al carajo. El viejito estaba más que encabronado.

Llegó el momento de la noche en el que mi urgencia por liberar a mi vejiga de una fuerza maligna y opresora no pudo postergarse más y tuve que ir al baño yo solita [porque no pensaba repetir la historia de cuando otros 4 amigos me metieron al baño de niños porque la fila de niñas era tan larga que yo ya vía la luz y, mientras ellos hacían lo suyo, yo hacía lo mismo en un retrete sin puerta. Muy caballerosos, ellos cerraron los ojos.]. En cuanto salí del baño, mi pretendiente guacalas estaba esperándome afuera con una pose muy sensual en el marco del pasillo que unía los servicios con el bar.

Obvio, yo muy estoica le pedí permiso para pasar porque mi novio [o sea, cualquiera de mis 4 acompañantes] me estaba esperando, a lo que él sólo respondió que "qué bonitos ojos, no me había dado cuenta que con este tipo de luz se te ven como verdes". Dentro de mí pensé: ¡Pus no, pendejo! ¡Esta es la primera vez que me lo encuentro afuera de la escuela, pinche imbécil"; pero por afuera sonreí con la clásica e infalible Sonrisa Chingatumadre.

¡Oh error BIS! [les digo que no acabo de meterme en una cuando ya metí las cuatro patas en otra] Eso fue el detonante para que se empezara a acercar poco a poquito. No sé cómo chingados alcanzó a verme uno de mis amigos y llegó en chinga a salvarme del borracho. Ahora sí ya no me volvieron a soltar en toda la noche. Ni cuando volví a ir al baño. Ni cuando nos fuimos de ahí y me dejaron en mi casa [por si las dudas, no "vaiga" a ser que nos siguiera y ¿pa' qué quieren?].

Conforme pasaba el tiempo, no sabía si mis calificaciones en esa materia eran por mérito propio o por el favoritismo involuntario del cual gozaba desde el día de la fiesta. Incluso en la escuela, cuando tocaba clase con ese zoquete, mis amigos se sentaban alrededor de mi para evitar que me hiciera algo que saliera de las buenas costumbres en un salón de clases. Eventualmente, uno de ellos y yo empezamos una relación de esas que no sabes ni por qué [y justamente lo menciono aquí y ahí está toda la explicación], cosa que a El Loco no le gustó y lo reprobaba en todos los exámenes.

Terminó el semestre, me salí de esa escuela para probar suerte como trotamundos y como Comunicóloga. Al viejo pendejo eventualmente lo corrieron porque descubrieron que uno de sus superpoderes era dar clases hasta la madre de pacheco y porque un par de chicas pusieron quejas de acoso [cosa que yo no hice porque tenía guaruras y no necesitaba andar de niñita lloriqueándole al director que un maestro me veía con ojitos pispiretos, 'tons me valía].

Me fui a Canadá, viví la vida loca, regresé reformada, entré a la FES Acatlán [*puaaaaag*] y un sábado en la noche que estaba libre de tareas y dispuesta a ir hasta el Oxxo de la colonia de al lado [porque en esta no tenemos dichas delicadeces] con uno de mis vecinos para surtirnos de ese néctar de los dioses hecho con cebada. Entramos al establecimiento y ¡tóoooooooomala, barbón! El Loco en carne y hueso venía hacia mi con sus víveres en los brazos mientras me apuntaba con su índice inquisidor y gritaba:

"Por tu culpa ya no tengo trabajo, apenas tengo que comer y me corrieron por que fuiste a denunciarme por acoso sexual. Pero esto no se va a quedar así, pronto te llegará un citatorio porque te voy a demandar por difamación y te va a cargar la chingada, ¡ya verás!" —todo esto en fade out mientas se alejaba del lugar y mi vecino y yo nos quedábamos viendo con caras de "WTFF! [sí, What the fucking fuck?, pues]".

Seguimos nuestro camino, compramos lo que debíamos y regresamos a la casa. El citatorio jamás llegó ni llegará. Desde entonces no lo volví a ver, hasta hoy que hice todo lo posible por evitarlo. Y salí bien librada: no hubo gritos de pena ajena en la calle, me camuflé bien entre la multitud y ando tranquila por la vida. Aunque, de cualquier manera, dudo que se hubiera acordado de mi. O si lo hizo, ya no me odia tanto.

Otro más a mi lista de Viejitos Ligados.


[Aprecien esta entrada que la hice mientras cabeceaba y dormitaba. Sólo diositosanto sabe cómo carajas nalgas le hice para despertar y agarrar el hilo y volver a dormirtar y volver a perderlo y así ad infinitum y ad nauseam].

* Es un nombre temporal [puede que sea permanente] porque no me acuerdo del nombre real. No vayan a pensar ustedes que es para resguardar su identidad o algo así bien aburrido.

9.6.12

Enough is enough

... dicen en Canadá. En México decimos algo como ¡Ya párale [se puede insertar un al mame, si lo desea]!. Y justamente viene al caso esta frase en todos los sentidos.

Siempre me he jactado de tener un blog apolítico, lleno de pura pendejada escupida sin remordimientos, con recuerdos de mi infancia, anécdotas mundanas y demás infamias que nada tienen que ver con partidos políticos y elecciones, o de ser la persona más pinche malinchista que pueda existir en el país. Pero en este caso, Enough is enough!. No quiero decir que ahora la grilla se apoderará de mis deditos y atascaré este espacio de basura política, porque qué hueva; o que saldré a las calles hondeando una bandera de México con orgullo en el rostro.

Lo que quiero hacer, sólo por esta entrada, es parar el mame, parar las pendejadas por unos instantes y gritar a los 4 vientos del Internet y a los 7 mares de las webs que ESTOY HARTA:


  • Harta de que miles [o millones, ya ni sé con tanta estadística más maquillada que trabajadora de Sullivan] de mexicanos pierdan la memoria o se tapen los ojos y los oídos ante el posible regreso de uno de los autoritarismos más culeros de México: PRI.
  • Harta de ver cómo la corrupción envenena la vida del país y todas aquellas personas que le han hecho daño quedan impunes y hasta parece que carecen de consciencia que se postulan como candidatos a la presidencia.
  • Harta de ver como entre mexicanos nos partimos la madre en un partido de futbol: Unos por "acarreados" sin escrúpulos y otros por defenderse de estos [lo cual es totalmente válido y lo admiro].
  • Harta de sentir impotencia y coraje al ver que las autoridades no hacen nada por defender la legalidad y la paz de este país.
  • Harta de que vivamos con miedo: a salir a la calle y no regresar a nuestras casa, de manifestar nuestras opiniones, de creer que puede haber un cambio verdadero si empezamos por nosotros como individuos y luego como pueblo, de perder beneficios si no voto por fulano o sutano.
Sí, podré quejarme de que soy parte de un país bananero, de que me caga el metro y sus manoseadas, de que me cagan los pinches nacos que me encuentro en la calle y de muchas cosas que me cagan, pero al final de cuentas aquí vivo y si voy a seguir aquí [por lo menos un buen rato] no quiero estar soportando todas esas cosas que me tienen HARTA del verbo HASTA LA MADRE.

Es tiempo de que México despierte. Es tiempo de que, como ciudadanos, le echemos ganas y razonemos nuestro voto. Apoyemos movimientos como Yo Soy 132 para que los medios dejen de decirnos lo que les conviene. Neguémosle la Silla Presidencial a Enrique Peña Nieto porque no se la merece por asesino, corrupto, iletrado e idiota. No dejemos que nos vea la cara de pendejos [a lo mejor, algunos sí la tienen pero, ¡vengaaaaa! ¡NO LO SON!], con que él la tenga es más que suficiente.

Abramos los ojos y ayudémonos entre todos para que podamos hacer un cambio real, un cambio que nos beneficie a todos. Empecemos con los principios básicos como el respeto y la legalidad. Razonen, de verdad, su voto. No vayan a las urnas nomás porque es tradición familiar votar por tal o cual partido, háganlo porque el candidato tiene las propuestas que México espera para su desarrollo.

Basta. Paremos el mame. Enough is enough.

16.5.12

La barca en que me iré...

Navegaba sin rumbo por las turbulentas aguas, estaba a la deriva y había soltado el timón para dejar que las olas me llevasen a placer. La tormenta arreciaba con cada minuto que pasaba; toda mi ropa estaba empapada: mis tenis, mis calcetines, mi ropa interior, mis pantalones y la sudadera que me había regalado mi mamá en mi cumpleaños apenas hace un par de días.

La bruma caía sobre la cubierta y era imposible ver más allá de mi nariz; estaba perdido en la inmensidad de las aguas y esperaba lo peor. No quería tomar el timón y arriesgarme a navegar en cualquier dirección porque sentía que, al agarrar velocidad y sin saber a dónde me dirigía, encallaría en algún arrecife o chocaría contra una barrera de piedras y la tragedia sería inevitable.

Decidí bajar a la cabina para dormir un poco y esperar que el cielo se abriera para tener la certeza del rumbo que tomaría. Sin embargo, a lo lejos pude oír voces y logré divisar unas luces [difusas a causa de la bruma] que se acercaban lentamente. Cuando estuvieron a una distancia prudente, sentía que varías personas abordaban el barco... mi barco. Les grite que se identificaran pero en cuanto terminé esa oración, algo me golpeó la cabeza con tal fuerza que perdí el conocimiento.

No sé cuánto tiempo estuve así hasta que desperté y todo era confuso. Me encontré sumergido en una bañera con el agua a la mitad de su capacidad y tenía toda la ropa puesta. Inmediatamente intenté levantarme pero el mareo se apoderó de mi y me fue imposible ponerme de pie. La cabeza me dolía y mi boca estaba seca. —¿Hay alguien aquí? ¿Alguien me escucha? —grité desesperado en busca de respuestas.

A los pocos segundos, mi amigo Javier entró por la puerta: —¿Qué pedo, cabrón? ¿Te sientes bien? ¡Qué pedota traías ayer con la celebración de tu cumple! Tuvimos que agarrarte entre Luis, Arturo y yo después de que te caíste mientras tratabas de colgarte de la lámpara del comedor. ¡Perdiste el conocimiento! Cuando vimos que estabas bien, te metimos en la bañera para bajarte la peda y despertarte o algo, pero te acomodaste y te pusiste a roncar. Lo chido es que no se llenó esa madre porque no nos dejabas quitar el tapón para que se vaciara. ¡Ándale, puto! ¡Ya cámbiate y salte de ahí que Pancho hizo unos chilaquiles mata-crudas que están buenísimos!

Javier salió, me pasó unas toallas y ropa seca. Mientras me cambiaba, juré no volver a tomar tanto mientras estuviera en tratamiento con Diazepam.

20.3.12

Pedradas [Parte II]

Amiguitos, prepárense para la segunda y última parte de mi encuentro cercano de tipo "No-Mames" con un tipo que sacudió mis ñangas vértebras. Es momento de que se agarren los calzones y vayan por un tazón de palomitas para leer esto que "¡ahí viene lo bueno, joven!":

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Volví a recostarme en el pasto nomás para quedarme como tarada sin poder articular palabra alguna, esperando que la virgencita del comal me iluminara con algunas palabras inteligentes, pero nada. Me sentía como una tarada [pero de las grandotas] por estar ahí sin poder platicar como dios manda y sólo soltar algunas frases de manera esporádica y despacito [es que no fuera yo a cagarla —como siempre me pasa— y chula me vería con mis pendejadas].

En una desas, estábamos hablando de la soltería y la felicidad y que qué padre y la verga del muerto cuando, así nomás por el pinche gusto... muy disimulado, agarrome de la mano. Como esas cosas no son de señoritas, volteé en chinga y me le quedé viendo detenidamente esperando que me explicara por qué se atrevía a semejante falta a la moral en plena escuela y sin consentimiento de mis chaperona imaginaria.

Ahí estaba yo viéndolo [salivando copiosamente y a discreción], cuando por fin dijo: —Sólo fue un impulso. A veces es chido seguirlos y hacer lo que sientes... te puedes llevar muchas sorpresas buenas... —por fin volteó y me miró a los ojos— contigo, por ejemplo, siento cómo la adrenalina recorre mis venas... como cuando vas en una moto a toda velocidad, ¿sabes? Así lo siento -y ¡tóooooooomala barbón!

Sí, acercose despacito [mientras yo por dentro cantaba "We Are the Champions" para festejar que por primera vez no la había cagado —o por lo menos no tan cabrón—] y besome tan lento que no se me cayeron los calzones porque no traía falda. Y yo, como no pude resistencia, dejé que hiciera lo suyo y me conquistara con un beso enamorador... desos que sólo él sabe dar.

Nos quedamos en silencio otro rato mirando el cielo y volteando de vez en cuando [muy discretamente... como no queriendo la cosa...] hasta que finalmente lo soltó: —Sé que apenas te conozco, pero siento que te amo... —cualquiera hubiera salido corriendo como vieja histérica ante tal afirmación, pero yo permanecí estoica y muy segura de mi misma, le respondí: —¡Yo también te amo! —porque en realidad, Pedro es mi novio desde hace algún tiempo.



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Y llegamos al final de esta historia, pipols. Los verdaderos protagonistas de semejante drama telenovelesco del Canal del las Estrellas fue protagonizado por mi señor novio Negro [pa' los cuates] y yo meeeesma nomás por el pinche gusto de jugar a que somos otras personas y fingir escenarios y situaciones para conocernos por "primera vez".

Inténtenlo. Verdá de dios que es divertido.

6.3.12

Pedradas [Parte I]

Me quedé sin un quinto, o sea estoy a nada de parecer homeless porque llevo tiempo sin que me paguen y mi presupuesto semanal se ha visto reducido a una cantidad ridícula que hace ver a cualquier chairo como millonario a mi lado. Estaba en la escuela esperando mi siguiente clase y pensando que podría vender algunos de mis cigarros para conseguir dinero y regresar a mi casa.

No me quedó de otra que vagar entre los pastos de la FES buscando un pichón que quisiera ayudarme en esto de la vendimia, cuando a lo lejos, vi a un tipo acostado en el pasto frente al edificio de Posgrados y no dude en acercarme porque tenía buen lejos [obvio también buen cerca, pero de eso se enteran ahorita]:

—¡Hola! ¿Quieres comprar un cigarro? Es que me quedé sin dinero y estoy vendiendo mis cigarros para regresar a mi casa. —me tuve que agarrar los pinches huevos para articular esas palabras y no quedar como esponja balbuceante frente al objeto de mis más profundos deseos carnales [estaba dispuesta a no quedar como retarded frente al asunto en cuestión nomás porque soy bien pinche María] mientras le ofrecía uno.

El muchachito tomó el cigarro, me miró a los ojos [en ese instante los pinches calzones se me hicieron como yo-yo: subían y bajaban de mi cuello a mis tobillos ad infinitum], lo puso entre sus labios. —No traigo dinero.— me dijo viéndome fijamente como si de veras muchos pinches huevos. Y yo ahí como idiota con mi Poker Face marca No-Pinches-Mames.

Llámenme romántica [aunque pendeja sería el término más adecuado] pero dije para mis adentros "¡Pus chingue a su madre, total... quería hablarle desde un principio!", y me senté a su lado para sacar otro cigarro y fumar con él porque yo también quería demostrarle que podía ser bien vale-madres.

—No te preocupes. Pues ya nos fumamos este cigarro sin pedos. —porque soy bien pinche valiente como para hablarle al goeis que me gusta. —¿Cómo te llamas? —le pregunte, porque con todo y mi pendejismo romántico no iba a irme sin sacarle información, ¡chingaos! Yo a lo que voy.

—Pedro —respondió mientras fumaba lentamente su cigarro. —Me gusta ese nombre. Yo me llamo LauRa. —sí, así le dije porque soy bien pinche valiente y también puedo aventarle el calzón a alguien sin parecer huevito en salmuera. La conversación continuó llena de trivialidades: que si estudias aquí, que que idioma llevas, que si chupas, muerdes o masticas, que si la verga del muerto.

De vez en cuando había silencios en los que ponía a mis neuronas a chambear como las grandes para que le echaran ganitas y preguntásemos cosas inteligentes que no me hicieran quedar como la más idiota de las idiotas de Acatlán, hasta que empezó lo bueno:

—¿Siempre eres así de callada? —me preguntó sin pelos en la lengua y así de putazo. —Sólo con las personas que me gustan —le respondí muy segura como si no estuviera cagándome por dentro—, ¿tú siempre eres así de mamón? —le cuestioné para ver si se le quitaba lo pinche y ¡tómalaaaaa! —¿Te sabes el cuento de la niña guapa y el sordo? —Agarrome en curva y sólo pude responder un llano y seco "No" e inmediatamente reaccionó — ¿Qué? —dijo, simulando una sordera inexistente que daba pie a un chiste que me hizo reír como idiota y que todos los Pantone se hicieran presentes en mi cara por haberme dicho "guapa" de una forma tan indirecta pero quita-calzones.

Regresó el silencio y ahí estábamos los dos, echadotes cual manatíes sobre el pasto, viendo al cielo y esperando a ver quién se animaba a hablar para seguir con esto de "Romper el Hielo", cuando de repente: —¿Sabes? Está padre que estemos así... sin decir nada. Parece como si nos conociéramos de mucho tiempo porque este silencio no se siente incómodo. Por lo general, cuando conoces a alguien nuevo, tratas de hablar mucho para liberar la tensión y terminas diciendo estupideces. Pero me gusta esto. —y yo, como pinche zombie me quedé ahí sin poder responder algo porque qué tal si la cagaba bien bonito [como es mi costumbre].

Continuamos otro rato en silencio hasta que me terminé mi cigarro. —Ya me voy. Me terminé mi cigarro y tengo que vender los demás para no tener que caminar de regreso a mi casa —le dije mientras me sentaba para guardar mis cosas en mi mochila cuando sentí su mano sobre mi espalda. —Tienes pasto en el suéter. —se apresuró a decir en cuanto notó que lo vi como bicho raro por osar a manosearme sin autorización de mi padre porque eso no es de señoritas.

Estaba a punto de levantarme cuando volvía sentir su mano sobre mi espalda. Indudablemente volteé. Nos quedamos ahí como imbéciles viéndonos mutuamente hasta que por fin pude articular algo así como un "creo que puedo quedarme otro rato" y volví a recostarme sobre el piso con los lentes de sol puestos [porque el pinche sol estaba a todo lo que da y mis ojitos sufren por tanta luz].

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Mañana en la mañana vendrá la continuación de cómo me armé de valor para hablarle a un chico guapo y otras cosillas más.

Stay tunned, mother fucking bitches!!!!