15.10.11

Estoy malita de mis patrones conductuales.

Mi madre, de quien heredé el hábito, es ávida lectora de casi cualquier género, pero como el otro día no tenía ni tiempo ni dinero para comprar nuevos libros, pidiome que le prestara alguno de los que guardo con harto cariño como si fuesen lo más preciado.

La última vez que realizamos esta operación, ocurrióseme prestarle El Amor Dura 3 Años de [¡Oh, sí, chiquitomiamor!] Frédéric Beigbeder [*saliva copiosamente*] y la señora regresó muy pinche indignada a zorrajármelo en la cabeza porque "cómo es posible que el amor dure 3 años si yo llevo veintitantos con tu papá" y "qué chingaderas son esas de no saber lo que uno quiere" y "si ese pendejo supiera lo que es amar a dios en tierra d'indios" y la verga del muerto.

Ergo, esta vez procuré que fuera algo parecido pero explicándole que "es una pinche novela, no te claves..." y le entregué Al sur de la frontera, al oeste del Sol de Haruki Murakami confiando ciegamente en la best-selleridad del escritor y la fácil lectura y en lo ligero del libro [porque me estaba preparando para que hiciera con mi cabeza lo mismo de la vez pasada].

Conforme iba leyéndolo, me iba preguntando cosas sobre la trama, teníamos ligeros debates sobre los personajes y yo sólo me preparaba para que el libro chocara con mi hermoso cráneo y me matara las 3 neuronas sobrias que me quedan... pero no. En cuanto terminó de leerlo, corrió a mi recámara [sí, estaba yo muy a gusto rascándome el ombligo de la forma más deliciosa conocida por el ser humano] y dijo:

Está bueno tu libro, pero honestamente, te gustan los libros en los que el personaje es un pendejazo que no sabe lo que quiere y se la vive recordando el pasado, ¿verdad? Hasta parece que te gustan ese tipo de personas. Nomás donde no me salgas con un novio así de tarado porque yo si te parto tu madre, ¡eh!

Creo que ya va siendo tiempo de que le preste Guerra y Paz de León Tolstoi para que me lo zorraje en la cabeza, muera y aprenda a no fijarme en tipos tarados, lentos, sin puta idea de lo que quieren o para donde van y que no estén malitos de su pasado y lo hayan superado como lo hicieron con el FUA, el Canaca y el Chupacabras.