7.11.11

Noviembre me agarró en la pendeja.

Como es sabido por este reino y los adyacentes [y si no lo saben, ahora se enteran], mi cumple es el 11 del 11. Este año, vaticiné una ola de puras sorpresas y demasiada felicidad, ya que nos toca celebrar mis 25 otoños en viernes y, obviamente, es 11.11.11. Como diría El Arquitecto de los Sueños: "Los astros y las señales cósmicas (...)" nos indican que se armará una fiesta de proporciones bíblicas.

El punto aquí es que, yo estaba muy confiada en que las sorpresas llegarían tan pronto como empezara el día antes mencionado, pero pus a la mera hora, ¡chíngale!. Desde el primer día de noviembre, decidí empezar la planeación de mi convite con bombo y platillo haciéndome un tatuaje, como hace 4 años que celebré mi mayoría de edad [internacional], haciéndome una perforación.

Como todavía no llego al grado de "Hija de la Chingada", se me ocurrió preguntarle [avisarle] a mi madre sobre mis planes y sueños y emociones y sentimientos e ilusiones y la verga del muerto, propias de una jovenzuela de mi edad, esperando que pegara el grito en el cielo y me diera de zapes y me castigara sin pan ni quesito... pero ¡NADA!

Resulta que la señora me dijo:

Ok, pero que no te lo vea tu padre porque nos va a poner la cagotiza de nuestras vidas y yo ya estoy muy vieja para esas cosas. Espero que no salgas con una de tus típicas pendejadas y te hagas algo tan naco que tenga que dejarte sin herencia por no tener ni tantito gusto... y da gracias que no lo he hecho por no tener gusto con los novios que escoges.

Y pues nada, que yo dije "¡Abuebooooo!" y ya que todo está marchando de acuerdo a mis planes, por ahí de principios de la próxima quincena, me habré hecho una de "mis típicas pendejadas" en uno de mis blandengues bracitos.

En cuanto mi mamá supero que su hija le saliera tan "así", nos fuimos a comer y, cuando regresábamos a la casa, pasamos afuera del lugar al que llevamos a Jonaz al veterinario y ¡NO MAMAR!. Había una jaula con un par de Schnawzers Miniatura [como mi peludo hijo].

Uno de ellos es niña y como estaba yo muy en la pendeja, el vet se aprovechó de mi estado mental y díjome que podía llevármela a mi casa para ver si nos acoplábamos todos como una enorme familia de amorosos pet-lovers y que si no, pus no había fijón y podía regresarla. Obviamente, yo no me pude separar de ella y valió madres: ¡Soy madre de una bola de pelos de 2 meses! ¡Felicítenme y denme chocolates y háganme un beibichagüer póstumo y todas esas cosas que les hacen a las mamás!

¡Aaaaaay, miren qué bonita Camila con su pelota! 
¿No la aman?

Al final, cuando fui a ver al vet para pagarle, mi madre, muy generosa me dijo que ella me la regalaba de cumple y que todos felices y ¡ay, qué bonita la perrita! y "la cuidas o te parto tu madre" y así. Mis quincenas ya tienen dueña, viene un tatuaje, una pedotototototota y oh, God only knows cuántas cosas más que ya estaré contando en esta chunche aunque a ustedes les importe un pepino.